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Tenía cinco años, un poco más o un poco menos. Sérgio Luciano corrió a esconderse detrás de una cortina; sus pequeños pies descalzos delataban dónde estaba, justo en la sala de su casa. Sérgio vivía en Barbacena, Minas Gerais. Esto ocurrió mucho antes de participar en GSA 2014. Cuando era niño, recuerda que en las noticias anunciaron algo así:
“Una persona se fugó hoy del Manicomio Municipal. Recomendamos precaución.” O alguna frase parecida.
Fue entonces cuando el pequeño Sérgio se mantuvo realmente atento. Tan atento que se dio cuenta rápidamente de que la persona que deambulaba por la ciudad había entrado en la cocina de su casa. Su madre estaba allí. Se encontraron en la puerta. En ese momento él corrió detrás de una cortina que cubría casi todo su cuerpo, dejando solo los pies afuera; los niños son así, se cubren los ojos y creen haber escondido toda su existencia.
Ese es el recuerdo al que Sérgio recurre cada vez que intenta hilvanar las razones y motivaciones para hacer lo que hace, para llevar la vida que lleva. Junto a Laura Claessens, compañera de vida y de propósito, fundó Colab Colibri, que busca apoyar al mundo hacia una comunicación consciente. Pero esa parte de la historia viene después. Los puntos se conectan mirando hacia atrás.
Su madre estaba en la cocina, mirando a los ojos de aquella persona que aún vestía una ropa amplia y blanca y sostenía una taza en la mano. El pequeño Sérgio también estaba allí, escondido, atento a todo como si ese encuentro fuera una película en la televisión y él estuviera mirando.
El primer movimiento de la madre fue poner la mano en el hombro del hombre e invitarlo a ir al patio. Él no quiso. En el segundo intento aceptó y caminaron juntos. Ese momento educó la mirada de Sérgio hasta el día de hoy. Él cree que para toda la vida.
“Mi madre buscó otro enfoque. Tomó una galleta y un poco de leche y se los ofreció. Empezaron a conversar; ella quiso saber de verdad cómo se sentía aquel hombre y qué estaba buscando. Caminaron, se sentaron fuera de la casa y esperaron a mi padre, que estaba cerca”, contó.

Así fue como Sérgio entendió, en la práctica, que cambiar la mirada sobre los lugares, las cosas y las personas transforma todo a nuestro alrededor, por fuera y por dentro. El mundo insistía en ver a aquella persona de una manera; su madre la vio de otra. Acogida, respeto, atención e intención marcaron ese encuentro.
“Desde entonces”—algo que solo pensó años después—“veo la sociedad como un lugar donde todos quieren ponerle una camisa de fuerza al otro en vez de ofrecer escucha, de ser verdaderamente inclusivos”, sostiene.
“En lugar de mirar a las personas desde una polarización constante, empecé a ver a cada una con sus propios desafíos y cuestiones, diferentes a las mías. Eso es precisamente lo que hace a cada individuo único e interesante.”
Una forma de explicar su trabajo hoy es esta: es necesario crear espacios seguros para que las personas se encuentren, construyan y se acojan mutuamente. Y esos espacios exigen personas dispuestas a negociar antiguas formas de mirar el mundo.
Sérgio aprendió, y defiende, que es necesario leer a las personas y a los lugares más allá de los juicios, más allá de lo que la mirada capta de la realidad.
“La violencia no comienza en la acción, sino en la forma de pensar”, dijo durante la conversación.
Existe una serie de prejuicios dentro de nosotros listos para saltar antes de la primera palabra, diciendo cosas como: aquí solo hay pobreza; aquí no hay esperanza ni personas talentosas. Aquí no hay nada.
“La Mirada surge de este lugar: percibir lo que está más allá del juicio, más allá de la superficie, más allá de lo obvio. Porque en el terreno de lo obvio, rápidamente divido entre lo correcto y lo incorrecto.”
“Entrar en conversaciones, relaciones y lugares estando disponible para cambiar de gafas cuando sea necesario es lo que nos permite ver cosas donde mucha gente ya se rindió.” Las gafas, sostiene Sérgio, son nuestras creencias, aquello que construye la identidad de cada uno. Hay mil maneras de ver lo mismo.
En la página de Colibri hay un resumen práctico no solo de las creencias y valores de Sérgio y Laura, sino también de las tesis que él defiende. Observa los nombres de los cursos: Democracia Profunda: el arte de escuchar todas las voces; Deconstruyendo Imágenes del Enemigo; Conflicto, de la Polarización al Diálogo, y así sucesivamente.
Todo lo que ofrece al mundo trata de un cambio de mirada sobre lo que la sociedad ya cristalizó como verdad: no todos tienen realmente algo que aportar; al enemigo se le combate, no se dialoga; yo no me siento a la mesa con quien piensa diferente, y así sucesivamente.
Cuando entramos en las situaciones con determinadas lentes, ya entramos capturados por ellas; esa fue la primera idea que compartió. Tenemos más lentes que las que usamos a diario; esa fue la segunda. La tercera fue un buen resumen, una buena manera de terminar la conversación: necesito aprender a leer las cosas más allá de mis propios juicios.